Iniciativa

Cuando las piezas se colocan en el tablero, ambos bandos poseen la misma posición e idéntico material. Sin embargo, las blancas tienen el derecho de iniciar la partida y determinar el sentido del juego. Esta posibilidad de forzar el sentido del juego se denomina iniciativa.

La iniciativa, si todo lo demás es equivalente, constituye una ventaja. Esta ventaja debe ser mantenida todo el tiempo posible, y será abandonada únicamente por otra ventaja, sea material o posicional, que pueda obtenerse en su lugar. Las blancas, de acuerdo con los principios ya establecidos, desarrollarán sus piezas con la mayor rapidez y, al propio tiempo, tratarán de evitar el desarrollo de las de su adversario, ejerciendo presión en los puntos convenientes. Se esforzarán, como primera medida, por dominar el centro, y si ello no fuera posible, por obtener alguna ventaja posicional que les permita seguir hostigando al adversario. Sólo debe abandonarse la iniciativa a cambio de alguna ventaja material, y ello en tan favorables condiciones que den la certidumbre de poder resisitir la posterior presión del contrario, y finalmente, apoyadas en la superioridad material, recuperar la iniciativa, que constituye lo único que puede llevar a la consecución de la victoria.

Esta última afirmación resulta evidente por sí misma, puesto que para ganar la partida el monarca enemigo debe ser llevado a una posición en la que será atacado sin tener ninguna posibilidad de escape. Una vez que las piezas hayan sido desarrolladas correctamente, la posición resultante puede variar en carácter. En algunos casos, ella será favorable para llevar un ataque directo contra el rey; en otros asegurará una posición ventajosa, o finalmente, que sirva para ganar algún material a costa de perder la iniciativa por un periodo más o menos prolongado.

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