Garri descubre el Ajedrez

A la edad de 5 años sus padres estaban decidiendo acerca de qué afición debían animar a Garri a seguir, cuando el ajedrez emergió repentinamente. Una tarde de primavera, sus padres estaban tratando de resolver un problema de ajedrez en el periódico. Garri nunca había jugado al ajedrez, pero los miraba atentamente mientras se esforzaban en resolver el problema y al final abandonaron desesperados. A la mañana siguiente Garri les mostró un movimiento que resolvía el problema. Se quedaron atónitos. Después de desayunar su padre le enseño a jugar y medio año después ya podía vencerle. A los 6 años jugaba sin parar, desafiando a todo aquel que llegaba a su casa.

A los 7 años sus padres le llevaron al Palacio de Jóvenes Pioneros de Bakú para recibir instrucción en ajedrez y a los 10 asistía dos veces por semana a la escuela Botvinnik.

Cuando tenía 9 años le operaron de apendicitis. Su tío Leonid le llevó al hospital y al volver al día siguiente para ver como se recuperaba de la operación encontró a Garri jugando una partida simultánea de ajedrez contra diez doctores. Empezó a viajar al extranjero para participar en torneos de ajedrez a los 13 años. Además del ajedrez, a Garri le gustaba jugar al futbol, al badminton, pasear en bicicleta o nadar, y lo hacía siempre que podía.

Las personas que más ayudaron en su carrera ajedrecística fueron su madre y su entrenador Botvinnik. En su libro “Hijo del cambio”, Garri cuenta sobre su madre:

Ella tuvo gran peso en mi vida. Me enseñó a pensar y a trabajar independientemente. Me enseñó a analizar mi conducta. Me conoce mejor que nadie porque discuto todos mis problemas con ella, problemas escolares, de ajedrez, de literatura, etc. Me enseñó a amar la belleza, a tener principios, a ser honesto y sincero.

Y sobre Botvinnik:

Ha ayudado al desarrollo de mi voluntad y de mi carácter. El comunicarme con este hombre inteligente, este jugador de ajedrez y científico, me ha hecho examinar detenidamente las cosas. Pedía mucho de mí. Pedía dedicación al ajedrez y al trabajo. Me enseñó a continuar mirando y a encontrar, a dudar, a abandonar y a volver a mirar una y otra vez. Gracias a esto, he aprendido muchas cosas útiles.

Cuando acabó el colegio, Garri y su madre decidieron que los estudios superiores que mejor complementarían su carrera ajedrecística serían los idiomas, ya que los torneos le llevaban a menudo al extranjero, por lo que se matriculó en el Instituto Pedagógico de Lenguas Extranjeras de Azerbaiyan. Garri se licenció en 1983 con excelentes calificaciones como profesor de idiomas.

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