La tentación de ganar material

Como suele suceder, la connotación de ciertas frases y palabras relacionadas con ganancia y pérdida de material están sesgadas a favor del atacante. “Sacrificio” sugiere riesgo, emoción y atrevimiento. Pero “captura de peón” sugiere temeridad, codicia y pérdida de tiempo. En nuestro subconsciente todos nos inclinamos por el sacrificador y desdeñamos al jugador que, haciendo gala del mismo coraje, captura material enemigo y luego tiene la habilidad de rechazar las amenazas.

Hasta Nimzovich, el paladín de la defensa heroica, dice, en las primeras páginas de Mi Sistema:

¡Nunca trate de ganar un peón si su desarrollo no está completado!.

Cierto que deja abierta una ventanilla a la excepción:

Un peón central siempre debería capturarse si su captura no implica demasiado peligro.

Hoy sabemos que hasta capturando el peón de b con nuestra dama –una práctica proscrita en virtualmente cada manual– puede el defensor sobrevivir y, a menudo, alcanzar con éxito el final.

En su tiempo, Steinitz estaba bastante satisfecho al exponer sus propias evaluaciones acerca de cuánto riesgo era aceptable asumir durante una partida. Perdió buen número de partidas con los gambitos inversos de su propia cosecha, tales como 1 e4 e5 2 Cf3 Cc6 3 d4 exd4 4 Cxd4 Dh4! (5 Cb5 Dxe4+, o bien 5 … Ab4+ primero, y luego 6 … Rd8, para cubrir c7). Pero la consistencia de sus ideas es hoy ampliamente reconocida por los analistas actuales.

No existe una regla infalible para guiar a un jugador indeciso entre capturar o no determinado peón. Se trata, una vez más, de una cuestión de enjuiciamiento estratégico, esa mal definida zona del conocimiento ajedrecístico, que parece adquirirse sólo a través de la experiencia. Podemos sugerir, sin embargo, que es mejor tomar un peón cuando, de no hacerlo, quedaría usted en una posición inferior o cuando, de esa forma, puede rechazar las amenazas inmediatas del contrario. Incluso es inteligente provocar un sacrificio, cuando la alternativa a esa provocación es una resignada sumisión al ataque enemigo.

Este fue el caso en la partida Mora – Mark Taimánov; Lyón (Francia), 1955.

La tentación de ganar material
La tentación de ganar material

Las negras deben tomar aquí dos decisiones. La primera es definir hasta qué punto es mala 21 … g6. La respuesta es que, ciertamente, es muy mala, puesto que las negras tendrán que tomar medidas extremas para neutralizar la amenaza 22 g4 y Tg3-h3, o incluso 22 Af6 y Cg5. La segunda decisión está relacionada con las consecuencias de 21 … h6 22 Axh6.

Taimánov llegó a la conclusión de que podía tolerar el sacrificio y que era preferible ser atacado a cambio de una pieza extra, que ser atacado a cambio de nada.

En la partida se jugó 21 … h6 22 Axh6 gxh6, pero entonces las blancas se equivocaron con 23 Cg5?, una jugada atractiva, pero que le permite a las negras ponerse a cubierto y conservar la ventaja material. Lograron imponerse tras algunas jugadas.

¿Qué habría sucedido, en caso de haberse jugado la más fuerte 23 g4!, podemos preguntarnos? La amenaza g5 puede neutralizarse con 23 … Axd5! 24 Dxd5 De6 25 Dd2 De2, que fuerza el cambio de damas. La decisión de Taimánov fue, obviamente, la correcta.

Las virtudes de la provocación también se ponen de manifiesto cuando el defensor puede realizar una mejora posicional.

Akiba Rubinstein – Grigori Levenfish; Karolvy Vary (República Checa), 1911.

La tentación de ganar material
La tentación de ganar material

No es fácil para las blancas progresar en el medio juego debido a la demostración enemiga en el flanco de dama. Las blancas querrían presionar con sus piezas pesadas contra el débil peón de e6 y asaltarlo luego con Ah3 y Cg5 en el momento oportuno.

Pero para ello tendrían que resolver la tensión de la casilla d4. La idea evidente es 16 dxc5, pero eso permitiría 16 … Cxb2 (no 16 … b4 17 Ca4) 17 Rxb2 b4, recupera la pieza tras haber abierto la posición del rey blanco.

Pero Rubinstein efectuó un mejor dictamen de la posición y jugó:

16 dxc5! Cxb2 17 Rxb2 b4 18 Cd4! bxc3+ 19 Ra1!

La consecuencia de las últimas jugadas es que el problema de las blancas con d4 está resuelto y su rey se encuentra seguro. Sin el peón de c3 (un peón que puede ser capturado en cualquier final), las negras estarían mejor, porque tendrían una clavada contra el rey en la gran diagonal. Pero tal y como son las cosas, las negras carecen prácticamente de ataque, y su posición se derrumbó después de:

19 … Cxd4 20 Dxd4 Tb8 21 Te3 g5 22 Txc3! gxf4 23 gxf4 Ad7 24 c6 Dxd4 25 Txd4 Ae8 26 Ah3 Tf6 27 c7 Tc8 28 Txd5! Txc7 29 Axe6+, y las negras se rindieron.

La provocación, más un sacrificio a la contra, más evaluación condujeron a ventaja estratégica.

Una vez más podemos decir que es mejor aceptar un sacrificio de peón cuando no aceptarlo equivaldría a una posición relativamente más peligrosa que la que se produce si se acepta. Un caso a propósito es la partida Smíslov – Botvínnik de su duelo por el Campeonato Mundial, en 1954.

La tentación de ganar material
La tentación de ganar material

La última jugada negra lucha por una cuota adicional del centro e impide el avance f4-f5. Para forzar una ruptura, las blancas han entregado un peón. Si 9 … fxg4, seguirán con 10 f5, con el proyecto de situar los caballos en d5 y, tal vez, en e6. No hay un método sencillo para anular esas amenazas, lo que significa que las negras deben tomar una decisión crítica.

La decisión de las negras de tomar el peón puede haberse basado en un minucioso análisis de las posibilidades tácticas. Pero, considerando el estilo de Botvínnik, podemos concluir que jugó 9 … fxg4 porque con cualquier otra jugada las blancas obtendrían gratis un fuerte ataque. Por ejemplo: 9 … Ch6 10 g5 Cf7 11 exf5 gxf5 12 Cg3, seguido del desplazamiento de dama o caballo a h5, o también 9 … Dd7 10 gxf5 gxf5 11 Cg3, después de lo cual las blancas deben penetrar en el flanco de rey.

Después de 10 f5 Dd7 11 Cf4 (puede que fuese más exacto 11 Cd5, aunque después de 11 … Cd4, la posición negra es muy sólida), las negras encontraron un método fuerte para contrarrestar los planes blancos de Cd5 y Ce6. Jugaron:

11 … gxf5 12 exf5 Ad4+! 13 Rh1 Axc3! 14 bxc3 Ce5

La clave de la 11ª y 12ª jugadas negras es que ahora la gran diagonal del alfil de dama lleva hasta el rey blanco. La razón de la 13ª jugada es impedir el salto Ccd5. La pérdida de la pareja de alfiles es una concesión relativamente menor, porque ninguno de los alfiles blancos es especialmente fuerte en la formación de peones resultante.

Las blancas no tuvieron nada mejor que 15 De2 Cf6 16 Axb7, y entraron en un final inferior que acabaron perdiendo.

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