La Obstrucción

La dicotomía entre defensa pasiva y activa es uno de los problemas peor entendidos de la técnica ajedrecística. En lugar de determinar la estrategia apropiada, muchos defensores hacen lo que conviene a su estilo antes que adaptarse a las exigencias de la posición, y como es mucho más agradable optar por continuaciones forzadas y provocar complicaciones, la estrategia de obstrucción es la más desatendida de las demostraciones técnicas.

La obstrucción no tiene muy buena prensa porque es esencialmente una técnica negativa y pasiva. La idea central es sostener una variante defensiva, no hacer ninguna concesión al rival. Pero el defensor tiene la ventaja psicológica de haber trazado las reglas básicas de la estrategia, que le permitirán reconocer cualquier desliz, por pequeño que sea, en el juego del agresor y provocar complicaciones en su caso. El peso recae sobre el atacante si quiere forzar la posición. A menudo, esto significa que el agresor se las ingenia para cavar su propia tumba.

El siguiente diagrama refleja una posición de la partida Bent Larsen – Paul Keres; San Antonio (EEUU), 1972.

La obstrucción
La obstrucción

Las negras tienen su debilidad más importante en d5, atacada por las tres piezas mayores enemigas. Keres toma ahora una decisión interesante. Antes que aferrarse a la defensa del peón de d, lo sacrifica a fin de entrar en un final en el que sólo queden peones en el flanco de rey. Ya hemos comentado antes que los finales de este tipo tienen una acusada tendencia a tablas, mucho mayor, en cualquier caso, que con peones en ambos flancos.

27 … Tb6 28 Txd5 Txb5 29 Txe5! Txe5 (29 … Dxe5 30 Td8+ y 31 Dxf7) 30 Dxb7 Tc5

Las negras pretenden cambiar un par de piezas pesadas (31 … Dc6+) porque eso certificaría prácticamente las tablas. Las blancas, por su parte, deben tratar de evitar los cambios y el jaque perpetuo para tratar de imponer su peón de ventaja.

31 Td6 g6 32 Td7 De6 33 Td8+ Rg7 34 Db4 Dc4 35 Db2+ Dc3 36 Db7 (36 Db8 De5!) 36 … Tf5 37 De7 Db2 38 Df8+ Rh7 39 Dg8+ Rh6 40 Td2 Dg7! 41 Da8 Rh7

Hasta ahora, las blancas no han logrado ningún progreso. Las piezas negras se han mantenido activas protegiendo a su rey y amenazando jaque perpetuo.

Ahora las blancas cometen un pequeño error, que hubiera debido sellar las tablas:

42 e4? Dc3!, que fuerza la desaparición de las torres del tablero. Aquí podría haberse bajado el telón, pero las blancas continuaron la lucha:

43 exf5 Dxd2 44 Db7 Rg8 45 f6 Dd8! 46 Dc6 Rh7 47 Dc3 Dd5+ 48 f3 Da2+ 49 Rh3 Db1 50 Rg2 Da2+ 51 Rf1 Da6+ 52 Re1 De6+ 53 Rf2 Da2+ 54 Rg1 Db1+ 55 Rg2 Da2+ 56 Rh3 Db1

Si ahora 57 Rg2 Da2+, sería tablas por triple repetición de posiciones. Lo que hace que este ejemplo tenga un elemento de suspense es que las blancas realizaron una última tentativa por ganar… ¡y acabaron perdiendo!:

57 g4 Dh1+ 58 Rg3 Dg1+ 59 Rf4? Dh2+ 60 Rg5?? Dg3! 61 De3 hxg4 62 Df4 Dxf3 63 Dxg4 De3+

Ahora las negras ganan el peón de f6:

64 Df4 De2! 65 Dg3 Db5+ 66 Rf4 Df5+, y las blancas se rindieron en la jugada 91ª.

Los defensores pacientes han sabido ganar muchas buenas partidas gracias a un juego consistente y preciso contra adversarios que, con sus ansias por ganar, han corrido demasiados riesgos. Recordemos que la carga siempre recae sobre los hombros del jugador que tiene ventaja. Hasta una partida patéticamente perdida puede llegar a salvarse si el defensor no se lo pone fácil a su rival.

La siguiente posición se produjo en una partida del Campeonato Mundial de 1889 entre Chigorin (blancas) y Steinitz. El hecho de que las negras no perdiesen en pocas jugadas es sorprendente.

Pero que no perdiesen de algún modo resulta casi incomprensible… ¡y lo cierto es que estuvieron a punto de ganar!

La obstrucción
La obstrucción

Las negras jugaron bien a partir de esta posición extremadamente desagradable:

16 … g6 (no 16 … Cf7 17 Ch4 Ad8 18 Dc4 Ch6 19 Cf5) 17 Cc4 Rg7! (17 … Cf7 18 Ccxe5! fxe5 19 Dc4 Ch6 20 Cxe5 es demasiado fuerte) 18 a4 Cf7 19 Cxb6 axb6 20 Axf7 Rxf7 21 Cxe5+ Rg7! (no 21 … fxe5 22 f4)

Pero las blancas han recuperado su peón y ganarán otro con 22 Cc4. Steinitz continuó jugando tenazmente:

22 … b5 23 axb5 (23 Cb6 permitiría a las negras desembarazarse del alfil inútil, tras 23 … Ta6) 23 … Da7! 24 b6 Da4 25 Dc5 Te8

Las negras han conseguido dos cosas: sacar a la dama de su encierro y poner su rey relativamente a cubierto.

El “único” problema que ahora tienen, además del déficit material, es la camisa de fuerza que las blancas han creado en el centro, que hace imposible que el alfil de dama pueda entrar en juego.

Siguieron más maniobras hasta que las negras lograron proteger su flanco de rey:

26 f3 Dc2 27 Ce3 Db3 28 Tb1 Df7 29 Cc4 Ta4 30 Tb4 Ta6

Las negras han conseguido milagrosamente que su posición no se haya derrumbado aún. Obsérvese cómo le han quitado el veneno al avance e5 y le han hecho difícil la penetración a las blancas por la columna a.

31 Dd4 Rg8 32 Ce3 Ta3 33 Ta4! Tb3 34 Tfa1!! Rg7 35 Ta8 Tb5!

Steinitz concibió la idea de dificultar la inevitable victoria blanca tras alinear las torres en la octava fila. Se trata de jugar …c5 y …Txb6. Aunque esto no baste, después de 36 Tb8! c5! 37 Dd5 Txb6, las blancas deberían haber ganado con 38 Dxf7+! Rxf7 39 Taa8 Tc6 40 Cd5 y Ce7 ó Cc7, pero cometieron dos errores:

38 Taa8? Df8 39 Cc4 Tc6 40 f4? b5!, y de repente las negras quedaron mejor. Más tarde, las negras se equivocaron y sólo hicieron tablas.

¿Cómo sobrevivieron las negras? Digamos que fue una combinación de factores: anticipación cuidadosa de las amenazas (16 … g6 y 17 … Rg7); activación de sus piezas (22 … b5 y 23 … Da7); y la obstrucción continua de los planes ganadores de las blancas (…Da4-c2-b3-f7, …Tb5, …c5 y, por último, …b5). Al plantear tantos problemas a las blancas, Steinitz frustró de tal modo a su adversario que casi consigue ganar la partida. Naturalmente, para ello se requirió también una pequeña ayuda por parte de las blancas.

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