El Intercambio

Cambiar piezas es el recurso defensivo más evidente y conocido. Con menos piezas sobre el tablero –y, sobre todo, con menos peones– se alivia la tarea del defensor, porque se atenúa la presión en sus debilidades.

Con un cambio forzado pueden erradicarse a menudo todos los peligros de la posición.

Con frecuencia, el peligro no radica sólo en un ataque al flanco de rey –que puede ser anulado con el cambio de una pieza importante–, sino en la presión estratégica en todo un sector del tablero. En tal caso, lo que procede es cambiar las piezas pesadas, siempre y cuando:

  1. no cambies tus piezas más útiles y activas por piezas pasivas contrarias, y
  2. como consecuencia de los cambios, no le concedas tiempo a tu rival para desplegar la iniciativa.

Veamos el siguiente diagrama de la partida Bondarevski - Osnos (1963). A primera vista, parece que las blancas tienen buen juego. Pero un examen más detenido revela que no pueden explotar el punto débil de e6, mientras que sus propias debilidades (peones de ‘d5’ y ‘b2’) sí son explotables. El peón de ‘d5’ está prácticamente aislado, es decir, no puede ser protegido con otro peón (e2-e4) por el control que las negras ejercen en esa casilla (…fxe4).

el intercambio. Bondarevski - Osnos
el intercambio. Bondarevski - Osnos

Aunque hay otros métodos para defender la posición, algunos de los cuales le ofrecen a las blancas posibilidades de ganar, Bondarevski buscó la seguridad del final. Comenzó con:

15 b4 cxb4 16 Ae3! Db8 17 Txb4!

Esta maniobra forzó la liquidación de los peones del ala de dama, lo que casi siempre es bueno para la defensa, porque en muchas partidas las mejores posibilidades de tablas se logran a base de eliminar todos los peones del centro y flanco de dama… aun a costa de un peón en el otro flanco. La razón de por qué esto es correcto es que la mayoría de los finales de torres con, por ejemplo, dos peones contra tres en el flanco de rey, suelen ser tablas, si los reyes se encuentran en su flanco. Puesto que los finales de torres son, con diferencia, el tipo más frecuente de final, este tema se produce en la práctica de forma recurrente.

El mismo principio es de aplicación a otros finales. Sin embargo, si ambos bandos tienen, por ejemplo, tres peones en el flanco de rey y las negras cuentan con un peón extra en el flanco de dama, el juego se inclina claramente a favor de las negras. Puede que ese final logre salvarse, pero la inclusión de un peón pasado distante le concede clara ventaja a un bando.

17 … Txb4 18 axb4 Cg4! una decisión inteligente: conservar peones en el flanco de dama.

19 Ad2 Ad7 20 Tc1 la amenaza Dc7, con ventaja en el final, fuerza nuevos cambios.

20 … Tc8 21 Dd1 Db6 22 Txc8+ Axc8

Las blancas siguen teniendo algunos problemas con sus peones, pero resolvieron sus dificultades en el centro y el flanco de dama y entablaron con cierta comodidad.

La resistencia de una posición defensiva, una vez que se cambian piezas, es más que notable.

El cambio no es, sin embargo, el único procedimiento para conseguir las tablas. A medida que las piezas van desapareciendo del tablero, el espacio libre del bando atacante puede ser un factor esencial.

El diagrama refleja la posición de una partida entre Alekhine y Romanovski.

El intercambio. Alekhine - Romanowski
El intercambio. Alekhine - Romanowski

Las blancas amenazan con un ataque relámpago, a base de Axh7+, seguido de Dh5+ y Th3. Las negras lo impiden con una serie de cambios que le conceden a las blancas un amplio dominio espacial. La cuestión es ¿son malos los cambios? Las negras jugaron:

16 … Cxd3 17 Txd3 Cxe5 18 dxe5 De8! 19 Db3 Td8 20 Tad1 Txd3 21 Txd3, y después de 21 … Ac5 quedó claro que las negras habían protegido todas las casillas que necesitaban para actuar contra las debilidades enemigas (en el flanco de dama y ‘e5’).

Habiendo dicho que el cambio de piezas es bueno, debe comprenderse que cambiar piezas en cada caso que se presente es una táctica perniciosa, porque el cambio infundado de piezas a menudo puede reforzar el dominio del tablero del adversario.

Como sucede con cada buena arma, el procedimiento del cambio sólo debe utilizarse en el momento y el contexto apropiados.

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