Defensas ante un sacrificio

Un sacrificio brillante sólo demuestra que alguien se ha equivocado. –Savielly Tartakower

Lo que Tartakower quiso decir es que las entregas de damas y torres deslumbrantes sólo pueden ser correctas si quien las realiza cuenta en su haber con una serie de ventajas estratégicas.

Entonces, una vez acumulada una superioridad manifiesta, puede coronar el medio juego con un sacrificio espectacular y conservar la planilla para su posterior publicación en las antologías del juego.

Este tipo de sacrificio “práctico” o seudosacrificio es fácil de entender. En cambio, el sacrificio no concluyente, que no fuerza la rendición en la continuación inmediata, es el auténtico reto para el defensor. No puede hacerse gran cosa acerca del seudosacrificio antes mencionado, porque su posición posiblemente fuese, en cualquier caso, desesperada. Pero el sacrificio no concluyente u optimista requiere una gran atención.

¿Debo capturar el material que se me ofrece? ¿Puedo rehusarlo? Desde un punto de vista práctico, ¿rehusar el sacrificio confundirá más a mi adversario que su aceptación? Si lo acepto, ¿podré defenderme contra las amenazas inmediatas? ¿Qué pasará con las amenazas a largo plazo como consecuencia de la aceptación? ¿Cuánto material necesito para ganar? ¿Cuándo debo devolver el material sacrificado? ¿Por cuánto material vale la pena correr el riesgo? Éstas sólo son algunas de las preguntas a los problemas planteados.

En esta lección abordaremos algunas de las principales cuestiones relacionadas con los sacrificios. Desde un punto de vista práctico, no hay mucha diferencia entre:

  1. un sacrificio deliberadamente planeado por el rival,
  2. la pérdida de material omitida por el adversario, y
  3. que hayas provocado su sacrificio, haciendo que cualquier alternativa se traduzca en una posición inferior.

En todos los casos se gana y se pierde material y los méritos del cambio de material a menudo tienen poco que ver con la motivación.

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