Cerrar líneas abiertas

Las líneas abiertas son los canales del ataque. Si el jugador con la iniciativa tiene un acceso incuestionable a esas avenidas, puede trazar su propio plan. “El ataque se juega solo”, como suelen decir los comentaristas. La táctica para el éxito se sugiere por sí misma. El defensor debería, por tanto, tratar de hacer una de estas tres cosas:

  1. bloquear,
  2. disputar,
  3. paliar el efecto de las líneas abiertas del atacante.

Una cuarta posibilidad es hacer caso omiso por completo a esas líneas y tratar de conseguir contrajuego en otro sector del tablero. Pero el contrajuego no siempre se encuentra disponible, y si el otro bando ejerce el control de las líneas abiertas clave, puede que su puesta en práctica se retrase.

Veamos un ejemplo. El siguiente diagrama corresponde a la partida Janowski - Lasker (1909), por el campeonato del mundo.

Cerrar líneas abiertas. Janowski - Lasker
Cerrar líneas abiertas. Janowski - Lasker

Un vistazo rápido nos revela que las blancas tienen un alfil poderoso y un par de torres magníficamente situadas. Podríamos vislumbrar que sólo se requiere incorporar la dama a la acción para darle un giro decisivo a la lucha. Sin embargo, lo cierto es que, con 22 … g6!, las negras mantienen la iniciativa.

Esa jugada tuvo el inmediato efecto de acortar la columna g. También tiene el efecto adicional de amenazar …f5, con contrajuego contra el centro blanco. De repente, parece como si las torres blancas fuesen inútiles en una columna bloqueada, y que el alfil podría prestar un servicio mejor en cualquier otra parte.

En realidad, la siguiente jugada de las blancas fue 23 Ad3, para impedir 23 … f5. Lasker tenía preparada 23 … Te7 24 c4 Cg7! 25 c3 (25 Dxf4 Dxf4 26 Txf4 Ce6 recupera el peón con excelente final de caballo contra alfil) 25 … Ce6, y las blancas fueron presa del pánico, ante la amenaza 26 … Cg5 y la eventual continuación …f5 y …g5-g4. La que parecía una posición prometedora para las blancas se vino abajo en pocas jugadas, y las blancas acabaron rindiendo.

Al reconstruir el derribo de la posición, a partir del diagrama, podemos ver que las torres blancas sólo son efectivas en la medida en que presionan toda la columna g o uno de sus extremos (‘g7’). Cuando ese extremo es acortado en una casilla, y ésta se convierte en un punto fuerte, la actividad de las torres se resiente.

Por otro lado, el hecho de que las blancas dispongan de una bonita y despejada línea de juego para el alfil no basta en una posición con tantas piezas pesadas. Al acortar la columna g –reduciendo así el efecto del control de las piezas blancas en ella–, las negras les dieron un golpe de timón al medio juego e inclinaron las posibilidades a su favor.

Las líneas abiertas, por sí solas, no bastan al atacante. Pero normalmente al defensor le conviene minar esas líneas (por ejemplo, la columna g, en el caso anterior), de paso que utiliza aquellas que domina (columnas e y f en el mismo ejemplo).

Otra lección que conviene aprender es que el defensor necesita anticiparse a la apertura forzada de líneas. En muchos casos eso significa anticiparse a las posibles rupturas de peones. Algunas son inevitables y no pueden impedirse. La solución, en tales casos, es disminuir su efecto.

En otras ocasiones el defensor debe lanzar sus piezas al asalto enemigo, o situarlas de forma tal que puedan crear confusión entre las piezas enemigas o bloquearlas.

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