Curso de Ajedrez - Defensa

La mayoría de las partidas de ajedrez no se ganan: se pierden. Es decir, que con un juego preciso hasta posiciones muy malas pueden llegar a salvarse. Se requieren varios errores para perder.

Muchos jugadores no saben por qué han perdido una determinada partida. Lo normal es que nos quejemos de una omisión, una jugada sorprendente, una concepción errónea, cuando la razón no se halla en una sola jugada, sino en toda una serie de errores: errores de actitud, errores de estrategia y errores tácticos. Pero lo curioso es que la mayoría de los libros de ajedrez se escriben para ayudar al potencial vencedor a entender por qué ha ganado.

El objetivo de este curso es poner de relieve las tácticas y principios defensivos, y explorar su posible aplicación a situaciones típicas de partida. Podríamos definir la defensa como la protección de las debilidades, que puede significar, por ejemplo, rechazar el ataque a la desesperada de un rival estratégicamente vencido.

Puede significar proteger debilidades crónicas tanto y tan tenazmente que una posición “desesperada” acabe por sostenerse. Puede significar distraer la atención del rival de sus debilidades, mediante la creación de contrajuego en una posición equilibrada.

La defensa es impopular porque atacar es más divertido. No obstante, mejorar la capacidad defensiva mejorará todo tu juego mucho más que asimilar una nueva apertura o algunos trucos en un final de torres y peones. Siempre habrá posiciones en las que tendrás que defenderte. No se puede atacar todo el tiempo.

Los grandes maestros del ataque –Alekhine, Tal, Spielmann y Marshall– también sabían defenderse bien, y por eso se encuentran entre los más grandes jugadores de todos los tiempos. Por otro lado, los grandes maestros de la defensa –Steinitz, Lasker, Capablanca, Botvínnik y Petrosián– fueron campeones del mundo durante 80 de los últimos 110 años.

En primer lugar, despachemos algunos mitos:

  1. La defensa es propia de espíritus apocados. La defensa, como el ajedrez en conjunto, es 90% táctica. En realidad, puede decirse que la ausencia de principios generales que aplicar en el juego defensivo supone un mayor énfasis táctico para el defensor que para el atacante.
  2. La defensa es monolítica. La afirmación de que el juego defensivo es mecánico, carente de imaginación y con poca variedad carece de fundamento. Hay varios tipos de acción que llamamos defensiva:
    1. Contragolpear en el centro o flancos.
    2. Cambiar las potenciales piezas atacantes, que es una sabia política en muchas situaciones.
    3. Contener el ataque.
  3. La defensa no es gratificante. Este cargo sugiere que lo mejor que puede esperarse con una defensa eficaz es hacer tablas y, por tanto, el jugador lleva a cabo una dura tarea en el tablero, a cambio de la cual sólo obtiene una retribución mínima.

Todas estas opciones tienen su razón de ser. En muchas posiciones una política de cambios puede ser más conveniente que una de contrajuego. Pero lo importante es que se dispone de diversas alternativas que vamos a estudiar en este curso, en el que te explicaremos cómo puedes moderar la ventaja del rival y eludir la derrota.

Puedes ver las lecciones página a página mediante el paginador situado abajo, o también puedes saltar a la lección que prefieras a través del índice de contenido situado en la barra lateral.